LA BOLSA Y LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

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LA BOLSA Y LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

 [Por Carlos Ponce*]

“La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón”

George Sand

¿En qué se parecen Dominiqué Strauss-Khan y Jesús Corona?

El desafortunado incidente de violación sexual en que se vio implicado el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn y el tremendo golpe que propinó el portero del equipo de fútbol Cruz Azul, Jesús Corona, en una gresca que lo hizo quedar fuera de la Selección Nacional, nos recuerda, con perfecta actualidad, el concepto de inteligencia emocional. Los errores de estos dos personajes bien pueden ser capitalizados como experiencias útiles por los participantes del mercado accionario.

Decía el historiador romano Tito Livio: “No pierdas la felicidad de muchos años por el riesgo de una hora”. En ambos casos, por unos pocos minutos. Con sus respectivas proporciones, ambos personajes perdieron muchísimo en un breve momento. Pero lamentablemente, estas situaciones (conductas irracionales) resultan recurrentes entre individuos que anteponen sus reacciones inmediatas al raciocinio y al análisis. Al final, todos ellos terminan lamentando una acción o “reacción irracional”.

IQ emocional

Mucho se ha escrito sobre este concepto. Diversos estudios demuestran que las personas exitosas en general no necesariamente cuentan con un coeficiente intelectual (Intelligence Quotient, IQ) elevado, sino las que son emocionalmente más inteligentes, es decir, las que actúan de mejor manera en las situaciones que se les presentan. Una forma fácil de entender y aplicar dicho concepto es procurando que nuestras acciones y respuestas verbales sean antecedidas por un razonamiento, en todos los casos, evitando así que el suceda después de la acción o la palabra (cuando el razonamiento se convierte en arrepentimiento).

El concepto estratégico que he venido proponiendo desde hace muchos años para un participante en Bolsa, es entender esta alternativa a un plazo largo y en un sentido patrimonial, esto es, no relacionar su potencial beneficio con un importe mensual o una tasa de interés, sino con proyectos patrimoniales como jubilación a temprana edad, negocio independiente, educación de los hijos, compra de bienes raíces, etcétera. La inteligencia emocional en Bolsa la entendemos como el proceso disciplinado de la metodología que alguien decida llevar a cabo en función de su perfil como inversionista.

Institucionalmente promovemos una metodología orientada a disminuir el riesgo de la inversión en las fases de:

  1. Selección de emisoras,
  2. Diversificación inteligente de un portafolio, y
  3. Ubicar los mejores momentos para entrar al mercado. Esto no significa que el rendimiento no sea importante, sino que lo entendemos como consecuencia de un buen manejo del riesgo.

“Reacciones irracionales” en Bolsa

Algunas reacciones irracionales típicas que he atestiguado una y otra vez entre los participantes en el mercado accionario son:

  • Compran acciones sólo porque bajan de precio.
  • Participan en plazos menores a tres años.
  • Le prestan atención a rumores sin soporte fundamental.
  • Desconocen aspectos básicos en el proceso de selección de emisoras (ciclo del sector, perspectiva de resultados, rentabilidad, estructura financiera, valuación, bursatilidad, política de dividendos, etcétera).
  • Confunden precios con valuaciones.
  • No saben cuáles son los precios objetivos de las emisoras de sus portafolios.
  • Se concentran en pocas emisoras
  • Se alejan demasiado de la estructura del parámetro a vencer (IPC, por ejemplo), cuando la estrategia está en función de ese parámetro o benchmark.
  • Desconocen el rendimiento esperado (aunque no garantizado) del portafolio personal o sociedad de inversión en la que participan.
  • Ignoran el riesgo del portafolio personal o sociedad de inversión en la que participan.

No nos debemos equivocar: la inversión en Bolsa ha sido y seguirá siendo la mejor alternativa para construir un patrimonio, pero para participar en ella hay que seguir una estrategia. No es un tema de “suerte” ni se trata de ninguna “apuesta”.

Inversión patrimonial

La tabla siguiente recuerda el rendimiento observado por distintas alternativas de inversión durante diferentes periodos. Para una mejor comparación, decidimos evitar porcentajes que confunden y/o son más difíciles de entender, y mejor expresar en importe nominal el saldo final de una inversión original de $100 mil pesos.

Lo que se desprende de la tabla es lo siguiente: en los últimos 18 años (de 1993 a 2010), una inversión de $100 mil pesos en el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) acumuló un saldo final de $2,191,083. En el mismo plazo, una inversión en la Bolsa de EU (Dow Jones), con el efecto de tipo de cambio, acumuló $1,391,603. El oro: $1,693,686. El petróleo: $1,844,299. En último lugar están los cetes a 28 días: $1,344,710.

La tabla no incorpora los resultados de ninguna estrategia particular en Bolsa, simplemente el resultado del índice. Por otra parte, es importante identificar que el resultado no corresponde a un periodo que pudiera considerarse favorablemente atípico. Los ciclos en el mercado han originado varios años con minusvalías (1981, 1982, 1994, 1998, 2000, 2002 y 2008), y sin embargo el rendimiento a mayor plazo ha sido siempre el mejor de todas las inversiones. La tercera columna de la tabla expresa la variación nominal del IPC en cada año.

Saldos de una inversión de $100 mil pesos en distintas alternativas

Años

Hace

Var % Año

IPC

Dólar Dow Jones

ISIC **

Oro

Petróleo

Cetes

1980 31a 20.17% 3,229,737,270 54,077,729 746,459,512

 –

 –

 –

 –

1981 30a -33.57% 2,695,859,441 53,378,448 641,081,266

 –

 –

 –

 –

1982 29a -28.42% 4,057,977,895 46,908,333 620,664,798

 –

 –

 –

 –

1983 28a 260.29% 5,669,233,824 12,832,953 141,965,167

 –

 –

 –

 –

1984 27a 64.90% 1,573,501,633 7,327,692 67,403,253

 –

 –

 –

1985 26a 177.23% 954,227,475 5,455,419 52,131,271

 –

 –

 –

85,627,730
1986 25a 320.66% 344,295,704 3,322,726 24,872,076

 –

 –

 –

47,719,248
1987 24a 124.35% 81,848,811 1,340,964 8,188,518

 –

 –

 –

20,535,069
1988 23a 100.18% 36,482,247 560,429 3,346,592

 –

 –

 –

8,143,185
1989 22a 98.05% 18,224,739 542,911 2,898,440

 –

 –

 –

4,167,175
1990 21a 50.09% 9,202,203 461,479 1,940,572

 –

1,635,289 1,936,634 2,679,772
1991 20a 127.65% 6,130,948 421,218 1,851,663

 –

1,522,034 1,384,677 1,901,359
1992 19a 22.91% 2,693,110 403,907 1,475,700

 –

1,619,476 1,964,961 1,570,442
*1993 18a 47.92% 2,191,083 396,789 1,391,603

 –

1,693,686 1,844,299 1,344,710
1994 17a -8.72% 1,481,224 398,577 1,229,202

 –

1,450,368 2,520,065 1,159,306
1995 16a 16.96% 1,622,740 240,462 726,039

 –

892,259 1,227,060 1,007,765
1996 15a 20.97% 1,387,483 161,038 364,349

 –

590,759 750,820 626,257
1997 14a 55.59% 1,146,993 156,856 281,627

 –

605,183 558,101 459,686
1998 13a -24.28% 737,200 153,550 224,794 340,033 754,854 789,772 377,472
1999 12a 80.06% 973,588 124,925 157,527 445,365 615,837 955,686 296,049
2000 11a -20.73% 540,693 130,082 131,498 303,662 641,705 459,056 239,582
2001 10a 12.74% 682,050 128,663 138,079 383,764 671,540 438,362 205,750
2002 9a -3.85% 604,976 135,194 156,184 359,035 688,682 627,105 184,023
2003 8a 43.55% 629,186 119,190 165,426 385,468 486,612 346,605 171,444
2004 7a 46.87% 438,312 110,353 122,214 293,817 377,443 310,652 161,098
2005 6a 37.81% 298,430 111,056 119,238 222,612 359,920 233,458 150,522
2006 5a 48.56% 216,545 116,477 125,823 176,076 320,136 172,172 137,362
2007 4a 11.68% 145,759 113,853 105,763 132,984 254,055 167,966 127,869
2008 3a -24.23% 130,518 113,448 99,020 115,160 193,323 107,053 119,024
2009 2a 43.52% 172,253 89,317 117,824 146,027 144,249 183,758 110,269
2010 1a 20.02% 120,019 94,583 105,009 110,490 122,553 107,930 104,482

Fuente: Banorte-Ixe / BMV / ** Índice de Sociedades de Inversión Común.

Las 10 irracionalidades

Los participantes en Bolsa que se dejan llevar por estas acciones poco pensadas, pueden describirse como pilotos que manejan con los ojos cerrados.

Acción irracional

Comentario

Comprar acciones porque bajan de precio.

La caída del precio de la acción indica que una mayoría de participantes está identificando variables poco favorables. Un movimiento de baja resulta en principio una señal de “peligro” o alerta.

Participar en plazos menores a tres años.

Un enfoque equivocado es el que hace participar en periodos muy cortos. La paciencia es un componente importante cuando se entiende el concepto patrimonial.

Atender a rumores sin soporte.

Muy pocos son los rumores que se confirman. Esta forma de “decidir” es recurrente, pero con ella no hay diferencia entre una apuesta y una inversión.

Desconocer aspectos fundamentales en el proceso de selección de emisoras.

En la medida en que un participante conoce el ciclo del sector de la empresa, su perspectiva de resultados, la rentabilidad del negocio, su estructura financiera, su valuación y su política de dividendos, el riesgo disminuye significativamente.

Confundir precios con valuaciones.

Una empresa no es “barata” sólo porque baja de precio. Un múltiplo indica la relación de un precio respecto a un indicador económico (ejemplo Precio/Utilidad Neta). Los múltiplos de mayor calidad son los que disminuyen al incrementarse la utilidad (indicador económico).

Desconocer precios objetivos de emisoras en un portafolio.

Todo el análisis de variables es traducido por un analista en un precio objetivo esperado, o el precio que considera que tendrá la acción para los próximos 12 meses. ¿conoces el precio objetivo de las empresas en las que participas?

Concentrarse en pocas emisoras.

“Poner todos los huevos en la misma cesta”, es la mejor manera de entender el riesgo de esta decisión. Está comprobado que el número mínimo de emisoras para evitar un riesgo de concentración es seis.

Alejarse demasiado de la estructura del parámetro a vencer (benchmark).

La cantidad de emisoras tampoco es suficiente: esta decisión debe acompañarse de una proporción “competitiva”. Las personas que invierten en Bolsa buscan siempre un mejor rendimiento que el IPC. Tres acciones (AMX, WALMEX y GMEXICO) explican cerca del 40% del movimiento bursátil. El no tenerlas en un portafolio en proporciones similares aleja de manera automática la representatividad y con ello la posibilidad de un comportamiento competitivo.

Desconocer el rendimiento esperado del portafolio personal o sociedad en la que se participa.

Una manera de saberlo es ponderando el rendimiento de cada acción a partir de sus precios objetivos. El rendimiento de un portafolio distinto al IPC.

Desconocer el riesgo del portafolio en términos de la representatividad del IPC.

Otra situación recurrente es el desconocimiento del nivel de riesgo de un portafolio a partir de la cantidad y distribución de acciones. Una manera sencilla de minimizar el riesgo es, una vez más, no alejarse demasiado del índice bursátil.

Fuente: Banorte-Ixe Casa de Bolsa.

Fuentes académicas

Según Daniel Goleman, autor del Best-seller titulado Inteligencia emocional (1995), ésta es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos ajenos, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás. Este concepto, que engloba habilidades muy distintas, se diferencia de la inteligencia propiamente dicha, es decir, de la capacidad exclusivamente cognitiva. Por ello, se dan muchos casos de sujetos muy capacitados intelectualmente, pero que carecen de inteligencia emotiva.

Howard Gardner, creador de la obra Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica (1995), es autor del modelo llamado “inteligencia múltiple”, y fue el primer teórico que señaló la diferencia entre las capacidades intelectuales y las emocionales. Él se refirió por primera vez a conceptos como la Inteligencia personal, el Conocimiento del propio mundo interno o la Inteligencia social.

Los psicólogos Peter Salovey y John Mayer, autores del libro Emotional development and emotional intelligence (1993), definieron a la inteligencia emocional como la capacidad de controlar y regular los sentimientos de uno mismo y de los demás, y utilizarlos como guía del pensamiento y la acción. Goleman realizó una adaptación de esta teoría en la que propuso cinco habilidades emocionales y sociales básicas:

  1. Conciencia de sí mismo: La capacidad que el sujeto tiene para saber qué está sintiendo en un determinado momento y de utilizar sus preferencias para guiar su toma de decisiones, basada en una evaluación realista de sus capacidades y en una sensación de confianza en sí mismo.
  2. Autorregulación: Poder controlar las emociones y evitar que interfieran de forma negativa. Capacidad de demorar las gratificaciones en la búsqueda de objetivos.
  3. Motivación: Utilizar nuestras preferencias más profundas para encaminarnos hacia nuestros objetivos, a pesar de los contratiempos.
  4. Empatía: Darse cuenta de lo que están sintiendo las otras personas, y ser capaces de ponerse en su lugar.
  5. Habilidades sociales: Usar de forma adecuada las emociones en las relaciones, interpretando adecuadamente las situaciones. Interactuar fluidamente y poder persuadir, dirigir, negociar, resolver disputas, cooperar y trabajar en equipo.
* Carlos Ponce B. es DGA de Análisis y Estrategia en Ixe Grupo Financiero. Puedes escribirle a su dirección electrónica cponce@ixe.com.mx y/o seguirlo por Twitter en: @CarlosPonce_Ixe
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