EL DESORDEN FINANCIERO GLOBAL

Riesgos que a todos nos afectan

EL DESORDEN FINANCIERO GLOBAL

[Por Matiana Flores]

Caos en el capitalismo financiero global. Carlos A. Rozo, Editorial Oceáno/UAM, 2011.

A diferencia de las grandes crisis financieras del pasado, las cuales solían ser calamidades nacionales aisladas, los descalabros de las últimas décadas han trascendido las fronteras. Esto ha venido provocando que las potencias desarrolladas y los países emergentes se reúnan para generar “anticuerpos” para prevenir crisis futuras. Pero, ¿son suficientes esos anticuerpos? ¿O estamos en el umbral de una nueva recesión, cuyas consecuencias nos resultan aún desconocidas? Quizá sea mejor preguntarnos cómo podemos defendernos ante estos fenómenos cíclicos, que se vuelven cada vez más impredecibles. Carlos Rozo, en su libro Caos en el capitalismo financiero global, ofrece un punto de vista claro sobre los reveses que ponen en riesgo a los mercados financieros.

  • La apertura ha sido la constante de la globalización. ¿Cuáles han sido sus consecuencias?

La globalización ha permitido que se fortalezca un proceso de desacoplamiento entre el sector financiero y el sector real de la producción. Es decir, las actividades financieras han tomado un camino propio, con ganancias a través de las mismas actividades financieras y no a través de la productividad real. Esto ha impulsado la innovación y creación de activos muy sofisticados que, de alguna manera, permitieron que la crisis y los desequilibrios que generaron se propagaran por todo el mundo. Otro elemento es la magnitud que han alcanzado algunos de los bancos globales. Ahora son demasiado grandes y no se puede permitir que quiebren, debido al efecto que esto podría tener en cada uno de los países en los que operan.

  • ¿Los ciudadanos del mundo estamos condenados a pagar los “errores” de quienes participan en los mercados, pero también de quienes los dirigen y regulan?

Tomemos la reforma de Wall Street que planteó la administración Obama y que el Congreso aprobó en junio de 2010. De la propuesta original, el Congreso sólo aprobó alrededor del 30%, debido al papel que jugaron los bancos y su influencia para cambiar las posiciones de algunos senadores y diputados. Aquí se pudo ver claramente cómo los costos se socializan y las ganancias se privatizan. Sí, son los ciudadanos quienes terminan pagando por estos desequilibrios, y los bancos, que causaron la crisis y que recibieron todo el financiamiento estatal, ahora acusan a los gobiernos de estar demasiado endeudados. Son paradojas inaceptables.

  • Hay voces que señalan que el ganador de la crisis es justamente el sistema financiero.

El sistema ha sabido aprovechar la situación para salir lo menos afectado posible. Ahora estamos en una situación en la que los bancos vuelven a lo que estaban haciendo antes de la crisis: especular y crear burbujas que tarde o temprano van a explotar, mientras generan para ellos ganancias desproporcionadas.

En mi opinión la perspectiva a futuro no es muy optimista: la recuperación será muy lenta. ¿Hacia dónde vamos? A otra crisis. Esto comenzó a mediados de los años 90 con crisis locales (los efectos tequila, vodka, tango, samba y demás) y la casi quiebra del fondo de inversión de alto riesgo Long Term Capital Management (LTCM), hasta que poco a poco llegamos a esta última recesión. La siguiente va a ser un poco más rápida, y esperemos que no tenga la magnitud de ésta.

  • Los grandes flujos de liquidez seguirán afectando los tipos de cambio de los países emergentes. ¿Hasta dónde puede llegar la apreciación del peso, por ejemplo?

Nuestro país tiene circunstancias económicas distintas a las de, digamos, Brasil o Chile, y un tipo de cambio sobrevaluado es hasta cierto punto positivo en nuestro caso, pues casi el 60% del valor de las exportaciones manufactureras de México se produce con insumos importados. A las empresas les conviene que el peso esté sobrevaluado porque abarata esas exportaciones. Esto no sucede en Brasil o Chile, donde la gran parte de las exportaciones se hacen con insumos nacionales. Ahora bien, ¿qué tanto tendría que sobrevaluarse nuestra moneda para afectar a nuestras exportaciones? El que el peso esté sobrevaluado apoya a buena parte de las exportaciones manufactureras, aunque es negativo para las que afectan al mercado interno, al perjudicar a los productores nacionales. Ése es el cálculo que las autoridades tienen que hacer sobre cómo esa sobrevaluación puede afectar a los distintos sectores.

  • ¿Qué sucedería si Europa no toma las medidas necesarias para disminuir su deuda o si Estados Unidos no logra controlar su déficit?

Si Grecia u otros países europeos llegan a no poder pagar su deuda habría una gran afectación a la economía global. Es fundamental que ese país no quiebre, pero Alemania no quiere aportar los recursos que se necesitan para resolver el problema. Lo más viable es que haya dinero internacional (del FMI, dinero que todos ponemos) para que esa economía mejore. En última instancia, si Europa se recupera, esto ayudará mucho a Estados Unidos.

  • ¿Qué es más dañina, una crisis económica o una financiera?

Las dos van de la mano. Una crisis económica al final crea problemas financieros, y una crisis financiera repercute de inmediato sobre lo real. No podemos verlas separadas. La diferencia, precisamente en este caso, es que el problema se creó en el sector financiero, se expandió en el sector financiero y se mantiene en el sector financiero. El grave problema que tenemos ahora (y del que se habla muy poco) es que los bancos estadounidenses todavía tienen los títulos de las hipotecas basura que originaron la crisis. No se han desecho de esos documentos, por lo que podemos decir que continúan siendo bancos semi-quebrados o técnicamente quebrados. Ésta es una de las razones por la que los bancos centrales, y en particular el de Estados Unidos, mantienen la tasa de interés muy baja, porque así los bancos pueden obtener financiamiento barato del gobierno para prestarlo a tasas altas. De esta forma obtendrán altas ganancias y poco a poco podrán deshacerse de esos documentos nocivos. Pero eso va a tomar mucho tiempo, y mientras no ocurra no vamos a tener una economía sana.

  • Algunos analistas dicen que se acerca el fin del patrón dólar…

Es muy difícil que eso suceda, porque lo que está pasando en Europa no es muy positivo para el euro, y esa es la única moneda que podría sustituir al dólar. La divisa china (yuan) no tiene la capacidad de convertirse en una moneda internacional en el corto plazo. Se habla de que la economía china va a superar a la estadounidense, y sí, en términos de magnitud estamos hablando de 350 millones de habitantes contra 1,500 millones. Sólo por este indicador es más grande, pero no por la fortaleza de su economía. Y la moneda china, menos. El yuan está subvaluado y lo mantienen así para exportar. Para que China pueda tener una fuerza internacional tendría que ser una economía mucho más abierta, y los chinos no quieren esa responsabilidad. Es obvio que ser la moneda internacional tiene beneficios, pero también tiene costos, y no creo que China tenga la capacidad de pagar esos costos, como no la tuvo Japón o no la quiso asumir.

No creo que el dólar deje de ser el referente de las divisas internacionales, a menos que se llegara a un acuerdo (como lo ha planteado China, de forma correcta) de que el fundamento sea una moneda adicional, como se pensó algún día en los Derechos Especiales de Giro (DEG), que fueron diseñados con el propósito de que se convirtieran en una divisa que llegara a sustituir al dólar. Los DEG son un activo de reserva global creado en 1969 por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para complementar las reservas oficiales de los países miembros. Su valor está basado en una cesta de cuatro monedas fundamentales (que hoy son el euro, el dólar, la libra y el yen). Tal vez, si tuvieran la voluntad, la nueva divisa internacional podría ir en esa dirección, pero eso tomaría mucho tiempo, porque se necesitaría un verdadero banco mundial que emitiera esa moneda.

  • ¿Estados Unidos podría quebrar?

La gente quiebra porque no tiene con que pagar; Estados Unidos produce los dólares, entonces es difícil que quiebre. Tiene que haber un acuerdo entre Estados Unidos y los bancos sobre cómo sobrevivir con una deuda como la de ese país, que poco a poco se debe ir reduciendo. Eso es algo que se puede hacer con la voluntad de los gobiernos. Cuando William Clinton entró al gobierno, la deuda pública era espantosa, y en su primera gestión la redujo. Bush volvió a incrementarla antes de la crisis, y cuando ésta sobrevino, se multiplicó explosivamente. Cierto, Estados Unidos tendrá que cambiar la forma en la que gasta y cobra impuestos para poder resolver ese problema, pero es difícil pensar que llegue a un default, como podría hacerlo cualquier otro país. Va a crecer menos porque tendrá que reducir la creación de dinero, y eso detendrá el crecimiento global. Lo que evidentemente nos afectará, pues si ellos no crecen, nosotros tampoco lo haremos, a menos que cambiemos nuestra forma de funcionar, lo cual es complicado, porque no hay voluntad política. Nadie se pone de acuerdo para nada.

  • ¿Fue un error que Estados Unidos dejara quebrar a Lehman Brothers?

No, el costo de no dejarlo quebrar hubiera sido todavía mayor, y los otros bancos verían que el gobierno podía permitir que un banco quebrara y que podía volver a hacerlo.

  • ¿Cuáles son los puntos más vulnerables de la economía global?

El problema más serio que se tiene es la deuda de los gobiernos, pero no sólo esto, sino la de las empresas y los consumidores, particularmente en Estados Unidos. Enfrentamos un problema de alto endeudamiento. En Europa, es una situación muy preocupante, pues no se va a arreglar de la noche a la mañana y se puede convertir en algo estructural.

En Estados Unidos enfrentan algo similar, aunque con diferente capacidad para hacerle frente. Y ahí la máxima afectación por la crisis, que aún no se supera del todo, proviene en buena medida de los consumidores. La razón por la cual la economía estadounidense no crece ni siquiera a tasas de 3% es porque los ciudadanos tienen una deuda muy alta y están utilizando sus ingresos para pagarla, en lugar de comprar más cosas, y eso hace que la economía no crezca y el desempleo se mantenga alto. Para que esto se resuelva, una vez más, tiene que intervenir un factor que al parecer no queremos tomar en cuenta, pero que es inevitable: el tiempo.

* Carlos A. Rozo es maestro en economía por la Universidad de Colorado y de Estudios Europeos por la Universidad de Cambridge; es doctor por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y tiene una especialización en Macroeconomic Management por la Universidad de Harvard. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y Profesor Distinguido de la UAM desde 2004.
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