APRENDE A TOMAR PÉRDIDAS

Stop loss

APRENDE A TOMAR PÉRDIDAS

[Por Cristina Hernández Trejo]

“Cuando el barco empiece a hundirse, no reces: salta”. Así lo establece el tercer precepto de Los axiomas de Zürich (Max Gunther, 1985), una de mis “biblias” bursátiles. Pero, ¿cuál es el momento exacto de salirse de una inversión? Para dilucidarlo sugiero echar mano de la metodología y la disciplina. La metodología nos ayuda a vencer el temor de equivocarnos e incluso nos hace desarrollar cierta destreza para perder con naturalidad y asumirlo como uno de los muchos costos que tenemos que pagar cotidianamente, tal como sucede con los impuestos o las pólizas de seguro. Y para no sesgar este artículo con mis fantasmas personales, acudí a cuatro profesionales más de las inversiones, que me ayudaron a identificar técnicas para tomar pérdidas. De paso les pregunté si acostumbran limitar sus utilidades. Los especialistas son: Claudia Hardy, manejadora de fondos internacionales de inversión; Luis Orvañanos, director de banca privada de Actinver; Manuel Gómez Palestino, asesor independiente de inversiones, y Mario Compeán, socio director de operaciones de Corde Asesores.

Puntos en común

Los entrevistados tuvieron perspectivas afines en los siguientes temas:

  • La operación exitosa, y la forma de tomar pérdidas o utilidades, está intrínsecamente ligada al perfil riesgo/rendimiento del inversionista y a la estrategia de inversión. Si se trata de una inversión de largo plazo, con objetivos de crecimiento y metas que serán efectivamente medidas en el largo plazo (rendimiento promedio de los próximos cinco años, por ejemplo), el porcentaje de pérdidas que podría admitirse sería mayor que si se trata de un portafolio especulativo, con operación y medición de resultados de corto plazo. De igual forma, las utilidades podrán “dejarse correr” más en el caso de una estrategia de mayor plazo que en una de corto.
  • En cualquier caso, e independientemente de su sofisticación, debe existir una metodología de inversión por escrito, que guíe las decisiones en forma consistente. No tenerla incrementa el riesgo de equivocarse al decidir.
  • El objetivo final es maximizar cada peso invertido. La ambición (que no la codicia) de ganar el mejor premio posible debe guiar las decisiones de todos los días.

Luis Orvañanos añade al marco general el tema de respetar el asset allocation del portafolio. Si está definido, por ejemplo, que el 30% de la inversión esté en acciones, sea que éstas suban o bajen, debe rebalancearse consistentemente el portafolio para no arriesgar de más ni quedarse cortos en la estrategia definida, corriendo el riesgo de no alcanzar los objetivos.

¿Hasta dónde perder (o ganar)?

Todos sabemos el daño que puede hacer una minusvalía importante y lo difícil que es rehacerse de ella. Siempre ten presente que si compras a $100 y el precio baja 20%, para quedar en $80, el movimiento de regreso tendría que ser mayor (25% en este ejemplo) para “devolverte” el dinero originalmente invertido además de compensar el costo de oportunidad por el tiempo que haya tomado el movimiento de ida y vuelta. Y esto crece exponencialmente si operas con márgenes o apalancado.

Esta conciencia es la que hace que ninguno de mis colegas (me incluyo) vaya más allá de 10% en su margen de aceptación de pérdidas, y más de uno mencionó porcentajes debajo de 5% (seguramente los que operan de más corto plazo).

Cada manejador o inversionista establece su margen de stop loss de acuerdo a su experiencia, estrategia y perfil, pero todos involucran en su definición la rentabilidad que esperan de la inversión y el costo de oportunidad vigente. El stop loss se reconoce como una herramienta que ayuda a limitar las pérdidas, evitando males mayores en caso de bajas. Claudia Hardy señala: “Tomo pérdidas cuando decido que lo que puedo ganar en una acción en los siguientes seis a 12 meses no excede el costo de oportunidad”. Esta postura implica que una acción puede bajar 10%, por ejemplo, por motivos coyunturales, pero si la expectativa del inversionista es que en los próximos seis a 12 meses pueda tener un regreso de 15% (que implicaría recuperar el 10% de minusvalía más el costo de oportunidad de la tasa libre de riesgo a un año), uno podría quedarse con la acción, “siempre y cuando no se identifique una oportunidad mejor”, concluye Hardy.

Conjunto de métodos

Manuel Gómez Palestino usa análisis técnico como herramienta cotidiana. Cuando observa tendencias claras en el mercado (de alza o baja) utiliza promedios móviles para identificar señales de salida o entrada del mercado (promedios cortos para plazos cortos de operación y viceversa). En periodos de consolidación, los soportes y resistencias son su herramienta para tomar pérdidas (si el precio rompe hacia abajo un soporte) o utilidades (cuando el precio se aproxima a la resistencia). Pone por escrito sus fundamentos de cada operación para no olvidarlos si sucede algo distinto a lo que espera, y así tener presente en qué precio debe reconocer que se equivocó.

Luis Orvañanos opina que ningún método se agota en sí mismo: él prefiere allegarse del mayor número de recursos posibles. Observa lo técnico pero también los fundamentales, y busca siempre la diversificación. Atiende en forma importante al cambio de expectativas y cuando identifica alguno, vende, aún si debe enfrentar una pérdida. Cuando una de sus posiciones empieza a bajar reúne toda la información posible y trata de respetar su nivel de stop loss. Si las condiciones de operación no le permiten salir en él, vende, aunque sea rebasándolo.

Mario Compeán aprendió del mercado con dos maestros distintos: es testigo del éxito de quien compra y mantiene posiciones contra viento y marea, de muy largo plazo, pero también recibió valiosas lecciones de un “amo del casque”, quien raramente “dormía” con una posición abierta. A pesar de atestiguar los resultados de estos dos extremos, él ha desarrollado su propia estrategia. Se asegura de comprar acciones con buenas perspectivas. No compra en un solo precio y le gusta esperar ganancias importantes. Vigila las expectativas de la acción para vislumbrar cambios, pero eso sí, si la acción baja tres o cuatro días seguidos, o en contra de la tendencia general del mercado, de inmediato vende. Un tema importante es que alerta sobre la técnica de promediar a la baja: “si compras una acción y ésta baja, no hay que comprar más; la acción te está diciendo que no vale lo que pagaste originalmente por ella”.

Un dato interesante es que, generalmente, los hombres tienden a “dejar correr las utilidades” mientras las cosas no cambien, mientras que las mujeres somos más de valuación. Si el papel alcanza precios objetivo o rendimientos esperados, evaluamos la conveniencia de permanecer un poco más. “Si el costo libre de riesgo es 4.5% –concluye Claudia Hardy–, existe la expectativa de que la Bolsa gane 12% y tu papel ya dio 15%, creo que es mejor vender. Las cosas no suben eternamente”.

Como puedes observar en la gráfica, enfrentamos tiempos difíciles. No estamos en los años de posguerra, aquellos de los baby boomers, ni en las décadas de la explosión financiera y tecnológica. Estamos entrando en una nueva fase donde se vislumbran retos mayúsculos. Así que sugeriría moderar las expectativas sobre los rendimientos bursátiles y ser exigentes en la toma de pérdidas: no por el costo de oportunidad, que es bajo, sino por los riesgos que todavía nos rodean.

Si te interesa aprender más sobre cómo invertir en acciones te invito a buscar el calendario de talleres financieros en: www.financieropersonal.com

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