INVERSIÓN EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN

Ganancia de pescadores…

INVERSIÓN EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN

[Por Georgina Ruíz y Roberto Aguilar]

Para nuestro portafolio: títulos de compañías petroleras y proveedoras de tecnología de exploración, a través de ETFs.

Cuando parecía que finalmente dejábamos atrás la última crisis económica, que la economía estadounidense por fin reaccionaba a los estímulos fiscales y monetarios, cuando Europa y el euro se empezaban a estabilizar y cuando se esperaba un crecimiento para la economía global, aparecieron las revueltas en los países musulmanes del Norte de África y Medio Oriente.

La mecha se encendió el 17 de diciembre, cuando un vendedor de frutas en Túnez (que paradójicamente era un universitario desempleado), ante las condiciones de vida que enfrentaba, se prendió fuego en señal de protesta. Este evento trajo consigo una serie de manifestaciones en el mismo Túnez, para seguir con brotes en Egipto, Argelia, Jordania, Irán, Yemen, Bahréin y Libia.

¿Cuál es el común denominador de estas naciones? Primero, la ausencia de democracia y las dictaduras, que van desde la más “joven”, encabezada por Abdel-Aziz Buteflika, quien ha llevado el mando de Argelia desde 1999, hasta la más longeva en Libia, donde el Muamar el Gadafi ostenta el mando desde 1969, tras un golpe de Estado. El segundo denominador común, y quizá el detonante mayor, son las altas tasas de desempleo de toda la región, que oscilan en un rango de 10% (en Argelia) hasta 35% (Túnez). Son, además, países en los que la mayor de la población está conformada por jóvenes, muchas veces con estudios universitarios y una visión amplia del mundo (utilizan de forma cotidiana las redes sociales), pero sin oportunidades para integrarse a la vida productiva.

Los mercados financieros mundiales se han cimbrado debido a que algunas de las naciones africanas en pugna, como Libia y Argelia, tienen un papel protagónico en el suministro de gas natural y petróleo, amén de Egipto, por el Canal de Suez. El efecto inmediato ha sido una escalada en los precios de referencia del crudo: el del Mar del Norte, el Brent y el West Texas Intermediate (WTI) alcanzaron cimas no vistas desde septiembre de 2008. Los precios máximos se observaron en la jornada del 24 de febrero, cuando la cotización del crudo de referencia en Estados Unidos se ubicó en $103 dólares por barril y el marcador en Europa tocó los $119 dólares.

El rally de los precios del crudo ha despertado el fantasma de la estanflación mundial (inflación con estancamiento económico). “Una escalada de precios de los bienes básicos (sobre todo del petróleo), podría promover un proceso de desaceleración en el crecimiento de la economía –señala Mohamed El-Erian, director de Pimco, una de las mayores firmas del mundo en el manejo de fondos–, ya que, al elevarse los costos de producción, el incremento se trasladaría a los consumidores, actuando como un tipo de impuesto”. Altos precios en la energía dan como resultado inflación, lo que implica políticas monetarias restrictivas y menos crecimiento.

Libia: el mayor peligro

Con casi 6.5 millones de habitantes, la nación norafricana es la novena productora de crudo de las naciones que integran a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Produce 1.5 millones de barriles diarios, y su tipo de crudo es el conocido como dulce ligero, debido a que contiene poco azufre. Es altamente cotizado por ser el que menor costo de procesamiento implica y, por tanto, el más atractivo para las refinerías (y también porque existe un importante número de refinerías europeas y asiáticas equipadas para ese tipo de combustible). El petróleo libio representa el 75.9% del consumo de las refinerías europeas. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por cada $10 dólares que sube el precio del barril, la inflación en Europa puede aumentar hasta dos décimas.

Pero si Libia es un problema grave para la economía europea, Argelia lo es para la de Estados Unidos. Libia sólo destina el 0.05% de su producción diaria (66 mil barriles diarios) al mercado estadounidense, pero Argelia cubre el 30% de su demanda de crudo. Por ello, la principal preocupación de los americanos por las protestas contra el gobierno de Gadafi está en que Argelia pueda contagiarse de sus conflictos sociales. El semanario británico The Economist, en su índice de insurrección The Shoe-Thrower’s Index, ubica a Libia en la segunda posición entre las más inflamables (con 71 puntos de inestabilidad) y a Argelia en la novena (con 49.7 puntos), lo que significa que podría tener levantamientos sociales en el corto plazo. Bahréin es otro foco rojo: otro país altamente exportador de crudo convulsionado socialmente.

Así, las revoluciones en los países musulmanes amenazan con terminar con el optimismo acerca de la economía mundial. Lo más importante que debemos observar en los próximos días será el impacto que pudieran tener en las naciones emergentes, debido a su alta dependencia de los bienes básicos, como los alimentos. Por un lado las beneficia, porque suben los precios de los commodites que exportan, pero como también son importadores, el potencial conflicto inflacionario les significa un alto riesgo. Hay que estar atentos a las medidas que tomen países como Brasil, Rusia, India y China ante esta presión de los precios. Afortunadamente, en México las presiones inflacionarias parecen estar controladas.

Toma tus posiciones

Los conflictos políticos, entonces, han inyectado mayor volatilidad a los mercados financieros internacionales, pero al mismo tiempo abrieron oportunidades de inversión para diversificar los portafolios y tomar posiciones en empresas que podrían beneficiarse, directa o indirectamente, de esta coyuntura.

Uno de los refugios naturales son las acciones de compañías petroleras y proveedoras de tecnología de exploración, porque al restringirse temporalmente el suministro mundial habrá una mayor necesidad de extraer el hidrocarburo (por ejemplo, de vetas submarinas cada vez más profundas). Aunque esta opción por el momento no está disponible en el mercado mexicano, hay que aprovechar la globalización financiera, que permite adquirir bonos y acciones de prácticamente todo el mundo mediante un instrumento que se conoce como Exchange-traded Funds, o ETFs, que replican el comportamiento de ciertos índices internacionales de renta fija, renta variable, divisas y materias primas.

Esta opción ha sido bien recibida por los inversionistas locales y actualmente se estima que los ETFs representan más de una tercera parte de todo el importe negociado en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), que en promedio es de $8,500 millones de pesos diarios. Pero, además, han sido decisivos para la diversificación de las carteras de inversión.

Existen más de 160 ETFs de renta variable, pero considerando todos los valores disponibles en el Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC) de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), el universo de títulos extranjeros disponibles desde México es superior a 600. Recientemente se incorporaron índices de empresas de mediana capitalización de China, Indonesia, Polonia, Rusia y Brasil. Así, los ETFs son una opción viable que se debe considerar también para destinar parte de la inversión en medio de un clima de mayor inestabilidad mundial.

También hay que considerar invertir una parte del portafolio, no mayor a 20%, en los títulos más bursátiles del mercado local, como el caso de América Móvil, Walmex o Grupo México, que ante la baja del mercado pueden representar una buena oportunidad de compra por el nivel accesible de sus precios, y se pueden vender cuando se perciba un clima más estable y se pueda hacer una toma de utilidades.

En el mercado de deuda, la recomendación es fijar la mira en valores con tasa revisable, que nos pueden proteger en el mediano plazo, mientras se obtiene un rendimiento atractivo. Esto dependerá del comportamiento de la inflación local, que comienza a verse presionada por los precios de frutas y verduras ante una menor oferta por los efectos climatológicos y el impacto del alza en el precio del petróleo.

Escenarios: el moderado y el apocalíptico

Las insurrecciones sociales han llegado incluso a naciones como Omán y Qatar, mientras en Libia el gobierno reprime salvajemente a los insurgentes. Es un momento decisivo pero, ¿cuáles serían los escenarios que se podrían presentar?

Si las diferencias no se recrudecen, si la Liga Árabe logra cabildear con el gobierno de Gadafi un acuerdo que promueva la reestructuración ordenada del gobierno y restablecer las condiciones de suministro y producción del petróle, o si los revolucionarios toman el poder de forma pacífica y ordenada, la presión y sobre todo el contagio hacia otras naciones podrían verse mermados.

Si esto sucede podríamos ver la normalización de los ciclos de política monetaria en las naciones desarrolladas y el crecimiento de las emergentes. Con ello, el mundo lograría salir por fin del proceso recesivo que dejó a decenas de millones sin empleo y al mundo financiero trastocado.

Pero, si las grandes potencias deciden intervenir en Libia, el problema podría crecer exponencialmente, pues Europa recibe el 78% del gas y crudo que extrae esta nación africana. Aunque Arabia Saudita (con 8.45 millones de barriles diarios de producción) podría suplir el crudo “dulce” que genera Libia, el peligro no sería el suministro, sino el hecho de que las condiciones exacerbarían las protestas en Argelia, Qatar y el propio Irán.

Si ello sucede, se generaría una inmanejable presión en la inflación global. Con este proceso los bancos centrales se verían en la necesidad de apresurar su salida de las medidas de corte cuantitativo y de elevar sus tasas de referencia para anclar de alguna manera las expectativas de alza de precios.

Sin embargo, este proceso no será fácil, sobre todo para las naciones desarrolladas. Recordemos que estos gobiernos han puesto en el mercado cantidades sustanciales de dinero con el objetivo de desbloquear el ciclo crediticio y regresar a las economías a sus tasas de crecimiento potenciales, así como la mejoría del mercado inmobiliario.

Así lo más probable es que los cambios inicien en el mundo emergente, siendo China la candidata natural para hacer lo necesario, con tal de evitar que las presiones inflacionarias pongan a tambalear a su ya de por sí sobrecalentada economía.

Pero, ¿se puede imaginar un escenario aún peor? Si además de todo los problemas escalan en Irán, interrumpiendo el flujo de hidrocarburos de ese país, sería el fin de los actuales programas de flexibilidad cuantitativa y fiscal, y el mundo se podría sumergir en una grave estanflación.

¿Y qué pasaría si es China la siguiente nación involucrada en revueltas sociales? Hasta el momento el gigante asiático ha logrado detener las protestas, gracias a su férreo control político, la censura y, ciertamente, a la movilidad social que existe al interior de sus fronteras, lo que significa la mejor válvula de escape. Pero nada está escrito: China es, al igual que muchas naciones musulmanas, un país con gran cantidad de jóvenes educados, cosmopolitas y furiosos ante la falta de democracia.

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Un pensamiento en “INVERSIÓN EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN

  1. Es muy interesante el artículo, sólo que hay indicios de que Libia se convirtió en un peligro para Estados Unidos porque intentó cambiar el sistema monetario, para que el oro fuera la moneda fuerte.

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