DIVERSIFICA APOYANDO EMPRESAS

Conviértete en inversionista ángel

DIVERSIFICA APOYANDO EMPRESAS

[Por Jorge Madrigal]

¿Qué tienen en común Google, Microsoft, Fedex y Starbucks? Además de haber desarrollado un producto, servicio o modelo de negocio disruptivo, todas estas empresas se fondearon con capital privado institucional (llamado venture capital), esto es, con dinero que se invierte en la generación de compañías nuevas (o de reciente creación) con perspectivas de crecimiento acelerado.

El capital emprendedor, como se le ha comenzado a denominar recientemente en los países de habla hispana, es una rama del capital privado (private equity) que se destina a modelos de negocio innovadores (sobre todo en el sector de tecnología, pero no solamente) que prometen retornos de inversión muy altos, aunque se caracterizan igualmente por tener un riesgo elevado.

Ante el éxito alcanzado por Facebook y Genentech, entre otras muchas empresas emblemáticas de la nueva economía, cada vez más inversionistas tienen la posibilidad de recurrir a un fondo de venture capital o, últimamente, a la modalidad conocida como inversión ángel.

Ventanas de oportunidad

El venture capital ha experimentado un importante desarrollo en el mundo, especialmente en Estados Unidos, el Reino Unido e Israel. Aunque este vehículo alternativo de inversión es poco conocido en México, no es nuevo en absoluto, y muchos inversionistas podrían beneficiarse de la diversificación que les puede traer a sus portafolios. Se trata de fondos administrados por expertos que buscan empresas en las que sus accionistas pueden obtener ganancias superiores a las que tienen acceso con las inversiones tradicionales.

Evidentemente, los administradores del fondo tratan de evitar a toda costa que algunas de las empresas dentro del portafolio de inversión fracasen. Sin embargo, y dado que las propuestas de dichas empresas suelen insertarse en mercados nuevos o de reciente formación, el fracaso es algo bastante normal, por lo que los fondos de venture capital necesitan compañías cuyas ganancias compensen las pérdidas generadas por aquellas otras que quebraron o no generaron ganancias sustanciales.

Un ejemplo es el caso de Digital Equipment Corporation (DEC), uno de los home runs (así conocidos los grandes éxitos empresariales surgidos de ideas atrevidas) más famosos del fondo de capital emprendedor American Research and Development Corporation (ARDC). Esta empresa nació alrededor de 1960, cuando Harlan Anderson y Ken Olsen, ingenieros egresados de la Universidad de Illinois y del Massachusetts Institute of Technology (MIT), se percataron de la necesidad de una computadora más pequeña, capaz de recibir datos y correr programas de manera directa. En ese entonces, el contexto para fondear empresas de computadoras era bastante adverso, pues incluso corporaciones como General Electric tenían problemas para generar ganancias con sus iniciativas enfocadas al cómputo.

Anderson y Olsen presentaron su proyecto a Georges Doriot, quien decidió fondear la empresa con $70 mil dólares, por el 70% de la compañía. A cambio, ésta se dedicaría a fabricar los componentes para las computadoras, y sólo en una segunda fase, con las ganancias obtenidas podrían pasar a la de producción de las máquinas.

Para 1964, DEC ya era líder en la fabricación de componentes, y tenían su propia computadora, la PDP-6, de la cual vendieron sólo 26 unidades. La empresa siguió generando nuevos productos, cada vez más baratos y pequeños.

En 1966 DEC salió a Bolsa, siendo la primera oferta pública de una empresa financiada con dinero de un inversionista institucionalizado. Con ello se sentó un precedente para la generación de más fondos interesados en esta atractiva fórmula.

En los años siguientes la empresa continuó innovando dentro del mundo de las “microcomputadoras” (llamadas así porque, si bien tenían el tamaño de un armario, sustituían a los equipos que ocupaban cuartos completos) y sirvió de inspiración para crear otras compañías, tales como Microsoft y ARM.

Este caso ejemplifica a la perfección aquello que hace mejor el venture capital: ubicar oportunidades en sectores que apenas se van formando y financiar esfuerzos inteligentes e innovadores… además de considerables retornos para los inversionistas.

Apoyo a jóvenes emprendedores

Un fondo de venture capital está conformado por un grupo de profesionistas que se encargan de ubicar y filtrar proyectos para formar posibles empresas, además de convencer a individuos con grandes capitales, fondos de pensiones y bancos comerciales y de desarrollo, entre otras fuentes de capital, para financiar dichas empresas. Los fondistas ofrecen sus servicios con un enfoque definido en términos de sectores en los que se invertirá, ubicación geográfica, condiciones en que se realizarán las inversiones, fases de crecimiento de las nuevas empresas y retornos esperados.

El equipo de administración del fondo es el responsable de escoger, apoyar y vigilar a las empresas en donde se realiza la inyección de capital, así como de entregar reportes detallados a los inversionistas.

Estos fondos suelen elegir sólo unas cuantas de las decenas de propuestas que reciben. Quienes invierten en un fondo de venture capital consideran varios aspectos, entre los cuales destacan los siguientes:

  • Estrategia del fondo. Incluye desde el sector y la etapa de crecimiento en la que se encuentren las compañías a invertir (semilla, etapa temprana, capitalización subsecuente, etcétera), hasta el tiempo estimado de consolidación de las empresas (usualmente entre tres y ocho años) y la estrategia de salida de las inversiones.
  • Tiempo que debe destinarse a dar seguimiento. Los fondos de venture capital constituyen un excelente medio para la diversificación de grades empresas, fondos de pensiones e individuos con patrimonios considerables, lo que obedece entre otros motivos a que en general se les debe destinar poco tiempo. De hecho, éste se limita a las reuniones trimestrales, cuando se entregan reportes sobre el avance de las inversiones realizadas.
  • Llamadas de capital (capital calls), cuotas de administración y bonos de rendimiento (performance fees). A diferencia de algunos otros vehículos alternativos de inversión, estos fondos no suelen disponer de todo el dinero de sus inversionistas durante el plazo estipulado. Dado que la labor de filtrado de empresas implica tiempo, la manera más eficiente de manejar esto es a través de la celebración de un contrato, en el que el inversionista se compromete a aportar los recursos cuando se realice un capital call, a cambio de lo cual el fondista hace válido el compromiso establecido con él. Es importante entender que mediante este tipo de contratos el fondo tiene el derecho de hacer válido el compromiso durante un cierto tiempo, que usualmente es de tres a ocho años, aunque en algunos casos se puede extender porque no se haya podido desinvertir en alguna empresa.
Aunque no se haga efectiva la llamada de capital, el inversionista debe cubrir las cuotas de administración, que varían en función del fondo. Dichas cuotas, que usualmente se cobran una vez al año, contemplan salarios, oficinas, investigación de las empresas y otros requerimientos para administrar el fondo. Oscilan entre 2 y 5% de las cantidades comprometidas y dependen en gran parte del tamaño del fondo y los resultados que el equipo haya arrojado en fondos anteriores. 
Por último, el bono por rendimiento consiste en el porcentaje que se comparte con el equipo administrador del fondo a partir de las ganancias totales. Algo que ayuda mucho a alinear los objetivos es vincular buena parte de la remuneración de los fondistas con resultados favorables para los inversionistas.

El toque de un ángel

En México, el venture capital está todavía en una etapa de maduración. No obstante, existen algunos fondos que se conocen cada vez más, como Alta Ventures México y Latin Idea (este último invirtió recientemente en la empresa automotriz mexicana Mastretta). Y es que se empieza a entender cabalmente que invertir en capital emprendedor va mucho más allá de los retornos: es, incluso, una labor social. El venture capital ha contribuido a la creación de nuevos mercados fuera de México y, en un momento dado, puede dar lugar a la formación de empresas mexicanas cuyos productos compitan a nivel global, generen empleos y desarrollen modelos que puedan seguir las generaciones futuras.

Asimismo, en los últimos años se ha extendido el concepto de inversionistas ángeles, para referirse a aquellos individuos con un patrimonio importante que invierten en nuevas y prometedoras empresas, a cambio de títulos de propiedad (según la definición de la Angel Capital Association, la organización más grande de inversionistas ángeles del mundo). Si quieres convertirte en uno de estos ángeles guardianes de jóvenes talentosos (y con ello además obtener buenas ganancias), toma en cuenta lo siguiente:

  • El mayor valor que proporciona un inversionista ángel no es su capital. Contrario a lo que pudiera pensarse, un emprendedor con experiencia (con un proyecto de valor agregado, un buen business plan y en busca de capital) no se asociaría con alguien sólo por su dinero. Los buenos inversionistas ángeles aportan mucho más: tiempo de calidad para trabajar en la nueva empresa y una red de contactos relevantes.
  • Debido a que el inversionista ángel actúa a título personal, el riesgo de la inversión es directo. Ésta es una importante diferencia con respecto a las inversiones realizadas en un fondo de venture capital. Los términos y condiciones de las inversiones ángeles deben negociarse personalmente entre el participante y el emprendedor, lo cual implica tener cierta experiencia. Asimismo, dado que únicamente se invierte en una empresa, esta opción ofrece menos diversificación. Para mitigar un poco los riesgos, muchos inversionistas ángeles se adhieren a grupos o clubes de inversión, donde suele haber personas con más experiencia que asumen el lead o dirección de la transacción. De este modo no sólo se entra junto con otros integrantes de un grupo, sino que se invierte en más empresas, se adquiere experiencia y se optimizan los recursos. En nuestro país, uno de los grupos más conocidos de inversionistas ángeles es Angel Ventures México (http://www.angelventuresmexico.com).
  • Las dimensiones y frecuencia de las inversiones suelen estar determinadas por la capacidad del inversionista. La consolidación de una empresa toma entre tres y ocho años, tiempo durante el cual pueden presentarse distintos imprevistos que requieran inyecciones de capital. Es importante que el inversionista ángel considere lo anterior, pues en muchos casos el capital al que una empresa puede acceder está limitado al dinero que el inversionista o grupo de inversionistas ángeles puedan aportar.

Independientemente de tu decisión, ya sea que aspires a convertirte en un inversionista ángel o tu perfil te incline más a invertir en un fondo de venture capital, ten la seguridad de que participando en este nicho estarás impulsando una industria con grandes oportunidades para el desarrollo de México. Espera en este espacio más sobre este tema, ineludible para todo buen inversionista.

El legado de Doriot

Aunque el venture capital es un concepto relativamente nuevo, su esencia data de mucho tiempo atrás. En las diferentes etapas de la historia de la humanidad han existido personas y familias acaudaladas interesadas en invertir en empresas que prometen revolucionar los mercados a los que se dirigen.

Sin embargo, la industria del venture capital como hoy se conoce comenzó a forjarse en 1946, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Georges Doriot, ex profesor de la Universidad de Harvard y uno de los fundadores del Institut Européen d’Administration des Affaires (INSEAD), se unió a Karl Kompton, ex presidente del MIT, y a Ralph Flanders para abrir este tipo de inversiones al publico a través de la American Research and Development Corporation (ARDC). Doriot, a quien se le reconoce como el padre del venture capital, logró fondear junto con su equipo alrededor de 150 empresas.

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